2016


acerca del ocio

El hombre no creativo puede atribuirse una fuerza superior
a la del creativo, ya que éste sólo posee el poder de crear
mientras que aquél dispone de este mismo poder pero,
además, tiene el poder de renunciar a crear.

Clement RossetLe choix des motes, 1995

El pensamiento occidental ha concebido el tiempo, así los griegos y casi todas las culturas en sus primeros estadios de desarrollo, como una forma repetible o cíclica, el “eterno retorno”. Por otra parte, la religión hebrea y la doctrina cristiana se inclinaron por la idea del tiempo lineal, un destino divino y finito, el camino teleológico.

Desde la modernidad el tiempo es considerado tanto por las filosofías orientales como las occidentales de forma semejante, habiéndose impuesto estas últimas en los controles, la precisión y las medidas temporales: el horario (Ramón Cladellas).

La concepción económica del tiempo impone que éste sea visto como el tiempo productivo, oponiéndolo al tiempo improductivo, a lo que podríamos llamar ocio.

Se asocia la idea del ocio con el tiempo que un sujeto destina a ciertas actividades que no tienen un carácter laboral, es decir, una manera de tomar distancia de las labores rutinarias.

¿Se puede asociar la idea del ocio con el “no hacer”?

El escritor estadounidense Herman Melville pone en voz de Bartleby, el escribiente, el preferir no escribir, no apartarse de su escritorio, no abandonar su lugar de trabajo, no salir del edificio de su oficina,  llegando al extremo de preferir no decidirse por el sí o el no del hacer. Resulta muy difícil enfrentarse a esta ambigua decisión. La lógica del quehacer choca con una posición inédita: “el preferir no hacerlo”.

Cuando murió el narrador uruguayo Juan Carlos Onetti llevaba casi quince años en la cama sin levantarse prácticamente nunca. Su caso se sumó a otros casos de conocidos “tumbados”(Julio Llamazares). Esta voluntaria elección de preferir no levantarse no le impidió seguir con lo que consideraba lo más importante en su quehacer. Un no hacer que modifica una manera de hacer, una contemplación finalmente activa, o, como lo definió el filósofo italiano Giorgio Agamben, una manera de ver el mundo donde “el límite último del pensamiento es su propia potencia absoluta, la pura potencia de la representación misma”.

En 1996, Anne Lacaton y Jean-Philippe Vassal recibieron un encargo para el ayuntamiento de Burdeos para embellecer una plaza de la ciudad. Esta plaza triangular tenía árboles, bancos y una zona para jugar a la petanca. Visitaron el lugar en varias ocasiones e hicieron una encuesta entre los vecinos del lugar. Todos coincidieron en afirmar que se sentían muy a gusto con su espacio para el ocio. Se percataron de que la plaza no necesitaba de embellecimiento alguno, sólo pequeñas reparaciones de algunos elementos deteriorados por el tiempo.  Recomendaron, ante el asombro del alcalde, “no hacer nada”, la mejor manera de “embellecer” la plaza (www.laciudadviva.org). 

Este “no hacer” pone de relieve el valor y la capacidad de la abstención como una forma más de la creación. Ausencia de grandes propósitos. El silencio y el retiro trazan una visión del mundo y una nueva gramática de la creación. Podría incluso decirse que el apuntar a lo minúsculo, dar un paso hacia atrás, son actitudes que prefiguran una nueva dinámica, una forma de resistencia, incluso pueden crear la sensación de un viaje a la vez sereno, vertiginoso y permanente donde, en un impulso antigravitacional, las partículas en apariencia más insignificantes emergen bajo un nuevo velo de luz, de una forma tan abundante en detalles que revelan la multiplicación de la realidad.

En una entrada de sus Diarios, el 31 de julio de 1917, Franz Kafka ya aspiraba a situarse en esa nueva forma de ser en el mundo cuando escribía lo siguiente:

Vivir en un tren, olvidarlo, vivir como en casa, recordar de pronto, sentir la fuerza impulsora del tren, convertirse en un viajero... someterse a la continua atracción de la ventana, dejar siempre, al menos, una mano tendida sobre el borde de la ventanilla. Situación más netamente defendida: olvidar que uno ha olvidado, convertirse de golpe en un niño que viaja solo en un tren rápido, en un vagón que se estremece de velocidad, asombroso en sus menores detalles, como salido de la mano de un prestidigitador.


 

ocio
exposición colectiva 

Horacio Berra
Gianni Capitani
Vanessa Enríquez
Marcelo Gauchat
María José González
Jorge Lépez
Carmelo Naranjo
Valeria Schwarz
Natalia Stürz
Juan Carlos Tello
Héctor Velázquez

del 27 de octubre al 18 de noviembre 2016
Casa de las Culturas Contemporáneas (mapa)
2 Norte, 1006, Centro, 72000 Puebla. 

 

Un tren que no conoce de estancias, una máquina que se consume a sí misma, eso parece ser la vida moderna. Llevamos dentro "el demonio de la velocidad", que decía Valery Larbaud. El avance es frenético y no hay espacio para la sobremesa, las tardes lentas, el mojar los cubos de azúcar en el café, o el recortar fotografías de los periódicos. La velocidad ha entrado de lleno en las horas de nuestro ocio a tal punto que, siguiendo con Larbaud, "la lentitud tiende a convertirse, cada día más, en una mercancía rara y preciosa". Ante ello, y antes de que sea demasiado tarde, suenen las alarmas y se apaguen todas las luces, hay que saltar, comenzar a rodar en sentido contrario, ser puro carácter precipitado. Robert Louis Stevenson, en su breve texto "En defensa de los ociosos", menciona que "la facultad para el ocio implica un apetito universal y un marcado sentido de la identidad personal". Stevenson contrapone este espíritu aligerado al de aquellos que "son incapaces de entregarse a estímulos fortuitos". Si han de tener que esperar un tren, por ejemplo, desechan la oportunidad de cultivar el desvarío sosegado o de convocar un virtuoso mosaico de recuerdos que conjuran no sólo la vida vivida sino, y sobretodo, la que está por venir. Y es así que después de toda una existencia concentrada en liquidar un asunto tras otro, los encontramos en el andén de una estación ferroviaria "con la atención embotada, la mente vacía de cualquier elemento de distracción, y ni un pensamiento de pulir contra otro". A los veinte años, dice Stevenson, podrían haberle dedicado una mirada a las chicas, pero ahora "la pipa se ha consumido, la caja de rapé está vacía" y nuestros modernos están sentados "en un barco muy tieso y con ojos lastimeros".

Horacio Berra

 
 

 

Actividades relacionadas con la exposición:

conferencia (8 de noviembre 2016)

visita guiada a la exposición (9 de noviembre 2016)

danza contemporánea (18 de noviembre 2016)

ciclo de cine (del 5 al 26 de noviembre de 2016) 

 

 

Exposición colectiva Ocio.
Casa de las Culturas Contemporáneas
Puebla, México, 2016